Una reflexión desde la experiencia. Repaso a tres décadas en la gestión documental. PARTE I: los 80

INFORAREA

1. Introducción

Desde  la práctica activa de la consultoría he estado presente, desde hace más de 25 años, en el devenir profesional de la gestión de la información y documentación. Un sector que ha asumido de forma valiente y decidida los nuevos retos que ha venido imponiendo la sociedad de la información. En 1984 inicié mi primer proyecto empresarial Gabinete de Asesores Documentalistas SA, pionera en España en la prestación de servicios documentales.

La crisis de 1995 supuso un duro aprendizaje y un obligado replanteamiento de la actividad, que dio como resultado la fundación de Inforárea SL en 1996. Desde entonces hasta el día de hoy Inforárea se ha convertido en empresa de referencia en ámbito de la consultoría de la información y la gestión documental.

Los trabajos realizados y los retos asumidos desde el inicio de mi carrera han sido muchos y muy variados. También han sido muchos los magníficos profesionales con los que he colaborado, de los que he aprendido y que me han acompañado en mi camino.

La década de los 80 fue mi entrada en el mundo profesional y laboral. Por entonces, no existían aún las titulaciones universitarias. Los alumnos formados en la Escuela de Estudios Bibliográficos y Documentarios de la Biblioteca Nacional y el Máster en Documentación de la Universidad Complutense, adquirimos unos sólidos   conocimientos teóricos y prácticos de manos de los mejores profesionales del momento. Gracias al profesorado que nos introdujo en la comprensión del mundo de la informática, en la que todavía se manejaban las fichas perforadas, obtuvimos unos fundamentos que todavía son válidos pasada una década del siglo XXI. Tuve la suerte de iniciarme en una profesión que desde los años 60 ya se encontraba plenamente inmersa en la innovación tecnológica. [1]

En 1981 Microsoft lanzó al mercado el MS-DOS. Se abrían las puertas a la nueva era de los ordenadores personales que facilitarían la extensión de la tecnología informática a todo tipo de empresas y organizaciones. La potencialidad de los nuevos ordenadores en el campo de la gestión documental ya fue puesto de manifiesto por P. Hipola y F. de Moya[2]. Rápidamente se incorporarían al mundo de la microinformática numerosos centros de documentación, y gran parte de nuestras bibliotecas. La profesión tuvo que comenzar a adaptarse a un cambio radical en la forma de trabajar, gestionar y acceder a la información y documentación. Así lo reflejan en 1984 las primeras Jornadas de Documentación Automatizada DOCUMAT.

Durante esos años adquirí una importante experiencia en proyectos de diseño de bases de datos, automatización de bibliotecas y centros de documentación, construcción de tesauros y lenguajes documentales;  ésta ha resultado esencial para la comprensión de los aspectos más relevantes de la organización de la información, base del posterior trabajo de consultoría que he realizado en Inforárea.

En el ámbito de los archivos, colaboré en la recopilación de fuentes archivísticas dentro de la iniciativa del CIDA (Centro de Información y Documentación de Archivos) para crear el Sistema Nacional de Información del Patrimonio Documental. Aunque la automatización de los fondos y los servicios de los propios archivos se iniciaría años más tarde, ya en el año 1986 se plantea el rol profesional del archivero en la sociedad informatizada[3].

En la empresa privada, la automatización se orientó principalmente hacia la captura de los datos derivados de los procesos de gestión económico-administrativa y de personal; los sistemas documentales y de archivo se siguieron manteniendo en papel. Los ordenadores personales principalmente eran utilizados como máquinas de escribir documentos de cara a su impresión y firma manual. Nuevas funciones y retos profesionales comienzan a surgir alrededor de la gestión de la información y la vigilancia tecnológica que se desarrollarán plenamente  en los años venideros.

Al finalizar esta década nos encontramos con una situación caracterizada principalmente  por:

  • Aplicaciones de datos que facilitan la gestión de la información bibliográfica y documental de carácter referencial
  • La importancia que adquiere la normalización lingüística en los procesos de  captura de la información de cara a su posterior recuperación.
  • La pervivencia del soporte papel para el acceso a los documentos primarios y a los documentos producidos por las organizaciones.

Un incipiente desarrollo de las redes que permiten compartir recursos

Elisa García-Morales Huidobro
Directora
Inforarea SL


[1] Xavier Agenjo Bullón. La automatización de la Biblioteca Nacional: recapitulación histórica Año 1992, En: Boletín de la Anabad,Tomo 42, Número 1

[2] Félix de Moya Anegón, Pedro Hípola Ruiz. Microordenadores y gestión documental. En: Segundas Jornadas de Documentación Automatizada : 20-21-22 de noviembre de 1986, 1986, ISBN 84-505-4512-9, págs. 411-424

[3] Teresa Molina Avila. El archivero en la sociedad informatizada. En: Boletin de la ANABAD Año 1986, Tomo 36

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